miércoles, 7 de abril de 2010

El autoboicot de la prórroga

Después de que quedó al descubierto que no sólo tú y yo, sino miles de mexicanos más habíamos sido extorsionados telefónicamente (en el mejor de los casos), orientando el tema a la seguridad pública, se propuso y aprobó una reforma mediante la cual se obliga a las empresas concesionarias a llevar un registro de usuarios de teléfonos celulares.
La medida genera críticas respecto a su efectividad y especialmente, desconfianza entre los ciudadanos que justificada o injustificadamente, están acostumbrados a dudar de las medidas oficiales. Incluso hay quienes practican la resistencia abierta a obedecer la medida, sin perder la oportunidad cada que se toca el tema de decir “a ver, quiero ver que se atrevan a quitarme el servicio”, entre cierto nerviosismo que les da la posibilidad de que la medida se les vuelva realidad.
Más allá de cualquier tipo de análisis que se quiera hacer, los plazos, reacciones y respuestas a la clara sentencia “registra tu número o te corto la línea”, lo interesante es el tema de fondo: la masificación del síndrome prorroguista del mexicano.
Se nos dio un año para el registro, traducido en 525,600 minutos de plazo.
525,600 minutos para que tomáramos cinco de ellos y le diéramos nombre y clave a quien (en teoría) realiza las llamadas telefónicas desde el aparato comunicador.
Un mes antes de concluir el plazo, sólo el 43 por ciento lo habíamos hecho. El porcentaje era tan bajo que los diputados con tal de congraciarse con la ciudadanía que tanto los desprecia, propuso una brillante idea… ¡una prórroga de ooootros 525,600 minutos!!!
Quien usa un teléfono celular tiene la posibilidad de enviar un mensaje de texto para registrar sus datos, requiriendo el mismo tiempo que le tomaría enviar otro mensajito al amorcito en turno para pedirle que lo/la espere quince minutos más, porque va tarde. También es el mismo tiempo que le toma a un proveedor de servicios llamar a su cliente para informarle sobre la demora en la entrega del pedido.
Segundo apunte: la desconfianza de los ciudadanos para registrar el celular. En el supuesto de que efectivamente la medida sea una importante herramienta para abatir la delincuencia traducida en extorsiones y secuestros, que pena da entonces, las precarias políticas de comunicación social utilizadas. No hubo ni un solo vocero (ya fuera como institución o como figura), que le explicara al ciudadano de a pie en qué consistiría el registro de su número de celular, cuáles eran las ventajas de hacerlo y más aún, porque debía de confiar en el proceso. No pueden quejarse de la desconfianza de la ciudadanía cuando NADA se hizo para ganarla.

Si la brillante idea de los diputados hubiera sido aceptada por el Senado… jamás en mi vida les hubiera creído de nuevo. ¿De qué vale ser un ciudadano cumplido? ¿Cómo quieren que esté convencido de pagar mis impuestos, si al fin va a haber prórroga para los incumplidos? ¿Cómo creer en la impartición de justicia equitativa en México?
En fin… pareciera ser que a la hora de culpar a los políticos, los ciudadanos debemos de analizar en qué temas, además del registro del celular, estamos solicitando prórrogas… tal vez nos encontremos con varias sorpresas.

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