Hay quien dice que en los ojos de aquellos que comprenden que van a morir, hay una mirada especial.
Una mirada que expresa la claro entendimiento de que el fin de sus días está próximo, y que nada ni nadie, puede cambiar un futuro que parece inevitable.
Hay quien dice que sólo una persona con la mente torcida, enferma y envenenada disfrutaría esa mirada.
¿Qué tipo de persona ordena ejecutar a 14 mujeres y 58 hombres desarmados e indefensos, en cuyos ojos había solamente el destello de esperanza que les daba llegar a los Estados Unidos?
¿Qué tipo de personas acatan la orden de asesinar? ¿Quién es capaz de jalar el gatillo ante la mirada impotente de quien espera la interrupción de su destino?
Señoras y señores, la Maldad ha llegado a México.
No es un tema de gobierno, ni de políticas migratorias, ni de Estado fallido. Es, desde la concepción más simplista, tema de maldad humana. Un virus que se enquista en México, ante la indiferencia de unos y la impotencia de otros.
Miradas de maldad que se trasladan de los asesinos a los ciudadanos, que sólo han aprendido a ver con indolencia el mal ajeno. Que han dejado de creer en todo y en todos, sin darse cuenta que en el proceso han dejado de creer en ellos mismos. Miradas de maldad que nublan los momentos de triunfo y alegrías, tanto colectivas como individuales.
Miradas de frustración de quienes, en la lucha contra la maldad se sienten solos y abandonados por la colectividad que cuestiona sus acciones, pero que deja abierta la puerta de sus hogares a la maldad que provoca las drogas. Miradas de frustración de quienes sabiendo que viven en un país maravilloso, son sometidos a la inacción de otros ciudadanos designados para actuar a favor de los demás. Miradas de frustración de inocentes, que al estar frente a un cañón de fuego, saben que nada podrán hacer.
Señoras y señores la Maldad ha llegado a México.
Una Maldad viral que se expande y pudre a los hogares con drogas y a instituciones con corrupción. Una maldad que contamina a jóvenes, que prefieren declararse privados de oportunidades que construírselas. Maldad que entra por sus oídos y sale en forma de bala, encaminada a extinguir otra vida.
Señoras y señores la Maldad ha llegado a México.